María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“En los aeropuertos ustedes son en primer lugar una presencia de gratuidad: representan la gratuidad del amor de Dios en un ambiente donde todos se encuentran por trabajo o viajan por los más variados intereses”: lo afirmó el Papa al recibir en audiencia este mediodía en la Sala Clementina a los capellanes y agentes de pastoral participantes en el Seminario Mundial dedicado al tema: “Los capellanes católicos y los agentes de pastoral de la Aviación Civil al servicio del desarrollo humano integral”.

La fuerza de la gratuidad

Dirigiéndose a los 100 presentes entre capellanes y agentes de pastoral, el Papa constata que la cultura de los aeropuertos no es, lamentablemente, una cultura de gratuidad. Es siempre lo contrario”. Y les dice:

“Ustedes ofrecen  la posibilidad de cruzar el ‘ahora de Dios’. Vuestro testimonio y el mensaje que dan aquí y ahora puede dejar una marca que dura para toda la vida, precisamente por la fuerza de la gratuidad”. Francisco constata asimismo que en los aeropuertos, el ritmo frenético del trabajo y el continuo tránsito de gente favorecen una atmósfera de anonimato e indiferencia, volviéndolos “grandes periferias humanas”. “En estos lugares – les dice el Papa – ustedes están llamados a llevar la palabra y la presencia de Cristo, el Único que conoce lo que hay en el corazón de cada hombre; llevar a todos, fieles y gentiles, el Evangelio de la ternura, de la esperanza y de la paz”.

Hacer sentir la cercanía de Dios

 “Los exhorto a desarrollar vuestro ministerio con dedicación y pasión, mirando a los miles de rostros que les pasan por delante con el corazón de Cristo, para que cada uno pueda sentir la cercanía de Dios”, les dice a continuación el Pontífice, porque “con esta mirada los aeropuertos se transforman en ‘puertas’ y ‘puentes’ de encuentro con Dios y con los hermanos, hijos del único Padre. Pueden incluso convertirse en lugares privilegiados donde la oveja perdida puede volver a encontrarse con su verdadero Pastor”. De hecho, en estos “lugares de partida y llegada” – continúa el Santo Padre – “a menudo se crea una zona neutral donde la persona en el anonimato logra abrir su corazón, iniciando un proceso de curación y de regreso a la casa del Padre, quizás abandonada desde hace tiempo por las diversas circunstancias de la vida”.

Una comunidad de creyentes

El pensamiento del Papa va también a la tripulación, pilotos y asistentes de vuelo a quienes no resulta fácil administrar la propia vida personal: “también para ellos es importante vuestra presencia”,  asegura el Papa.

Francisco releva además cuánto capellanes y agentes pastorales que trabajan en los aeropuertos desean crear oportunidades de encuentro con Dios en la oración y en los Sacramentos. Un “sueño pastoral” que el Papa dice que comparte con ellos: “que en el aeropuerto pueda formarse una comunidad de creyentes que pueda ser levadura, sal y luz en aquel ambiente humano particular”.

Tutelar derechos y dignidad de los migrantes y refugiados

En este contexto Francisco no olvida a los migrantes y refugiados que llegan a los mayores aeropuertos con la esperanza de poder pedir asilo o encontrar un refugio”. De ahí su invitación a las iglesias locales “a la debida acogida y solicitud con respecto a ellos, aunque se trata de una responsabilidad directa de la autoridades civiles”. Y dirigiéndose a los capellanes y agentes pastorales les recuerda que es parte de su cuidado pastoral “vigilar que sea siempre tutelada su dignidad humana y que sean salvaguardados sus derechos, en el respeto de la dignidad y de las creencias de cada uno”.

Laicos, misioneros por derecho propio

Recordando que muchos de los capellanes y agentes pastorales realizan varios servicios en la realidad eclesial, comportando “fatiga física y espiritual, y tal vez incluso al desaliento”, el Santo Padre considera importante involucrar en esta misión a laicos, como así también a religiosos para compartir con ellos “pesos y sobre todo la alegría de evangelizar”.

“Y esto quisiera subrayarlo. Me gusta que haya tantos laicos involucrados en esto. Y, por favor, no caigamos en la tentación de «clericalizar» a los laicos. Los laicos son mensajeros, son misioneros por derecho propio”.

De la mano de María, llevar la salvación a los confines de la tierra

Finalmente, tras recordar la reciente celebración de la fiesta de Pentecostés, Francisco confía en que el Espíritu Santo los ilumine y llene de sus dones para que puedan retomar su ministerio con “nuevo ímpetu y vigor”. “Los encomiendo a María, Madre de la Iglesia, cuya fiesta celebramos hoy. En particular, la invocamos como Virgen de Loreto, patrona de la aviación, para que los ayude a ofrecer la llama de la fe a cada persona que encuentren en sus lugares de trabajo, para que la salvación llegue verdaderamente a los confines de la tierra”.

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